Repaso de saberes básicos, competencias y herramientas propias para el trabajo y estudio de Historia, Geografía e Historia del Arte
Entendemos por ciencias sociales aquellas disciplinas científicas enfocadas al análisis, estudio y comprensión de las civilizaciones pasadas y presentes en el planeta Tierra. Aunque el número de ciencias que podemos englobar en esta categoría es enorme, podemos centrarnos en tres grandes ciencias o disciplinas: historia, geografía e historia del arte.
La geografía es la ciencia encargada del análisis y trabajo del espacio ocupado por las sociedades y civilizaciones y el impacto de éstas en el mismo. Así, podemos diferencias entre:
Geografía física: el análisis del medio, el relieve y el clima
Geografía humana: la organización social, política y económica en el territorio
Las principales herramientas que disponemos para el estudio geográfico son: mapas, gráficas, imágenes y textos. En este sentido, conviene recordar la multiplicidad de estas herramientas y cómo tratan de resolver distintas cuestiones.
La primera y quizá más importante es cómo representar el medio, en este caso, el planeta. Hablamos así de los tipos de proyecciones que la geografía propone. El gran problema que presenta el estudio del medio es el de representar un elemento tridimensional en dos dimensiones. Así, todas las herramientas van a tratar de resolver unos problemas, pero generarán otros. Por ejemplo, la proyección más utilizada en geografía es el mapa Mercator, que representa con fidelidad las formas del territorio, así como distancias con paralelos y meridianos. En cambio, esta proyección distorsiona enormemente el tamaño del medio representado, especialmente en el hemisferio sur. La proyección Gall-Peters tiene unas características inversas, por ejemplo.
La historia es la ciencia encargada del estudio y análisis de las sociedades y civilizaciones a través de fuentes materiales (arqueología), escritas o incluso orales. Tradicionalmente, el estudio de las civilizaciones se engloba en cuatro grandes aspectos fundamentales:
Evolución política
Evolución económica
Evolución social y demográfica
Evolución cultural
En el estudio historiográfico de las civilizaciones del pasado son esenciales dos nociones fundamentales:
La noción de causalidad. Los procesos tienen causalidades múltiples (nunca un proceso tiene una única causa) y generan una reacción. Estos procesos se desarrollan y generan una reacción, es decir, consecuencias
La noción de temporalidad. Los procesos pueden ocurrir a la vez y en distintos espacios del planeta. Así, su ordenación cronológica se hace necesaria y, por tanto, se necesita una división del tiempo que siempre es artificial (o ficticia)
La cronología occidental ha datado el devenir de las civilizaciones en torno a un hecho fundamental, esto es, el nacimiento de Cristo. Conviene recordar que, en base a la noción de temporalidad, no existe pues el año 0, sino que dicha ficción y selección de un evento como elemento divisorio del tiempo es arbitrario pero que se convierte en paradigma. En la actualidad y dado que gran parte del mundo asiático ha asumido esta forma de cronología, algunos especialistas aceptan la forma “antes de la era común” en lugar de “antes de Cristo”, aunque esta última sigue siendo la opción más difundida.
Finalmente, y en base a las dos nociones anteriormente mencionadas, es importante tener presente que la tradicional periodización de la ciencia histórica (prehistoria, historia antigua…) y su cronología se circunscribe únicamente a una cronología y desarrollo tecnológico de una civilización (la occidental) determinada en una zona determinada. Esto quiere decir que, mientras que el mundo occidental está inmerso en su historia contemporánea, hay civilizaciones en otros puntos del planeta que por su nivel de desarrollo podríamos situar en su propia historia antigua o historia medieval.
La historia del arte es la disciplina que estudia las manifestaciones materiales e inmateriales de carácter cultural y artístico de las civilizaciones. Las disciplinas artísticas son prácticamente ilimitadas, pero dentro de las ciencias sociales nos centramos especialmente en tres:
Arquitectura, civil o religiosa
Escultura, exenta o relieve
Pintura, mural (frescos) o mueble (óleo, lienzo, tabla…)
La historia del arte analiza estas disciplinas según dos criterios fundamentales, criterios estilísticos (características) y criterios temporales (cronología).
La importancia del estudio del arte radica no sólo en su estrecha relación con la cultura de un grupo social o civilización, sino en su validez intrínseca como fuente de información y objeto de análisis.
Así, una obra de arte puede tener una triple cronología, aportando ingente y valiosa información:
- El tiempo en el que se crea
- El tiempo que representa
- El tiempo en el que se analiza
El trabajo y estudio en Ciencias Sociales implica, necesariamente, el acercamiento a todo tipo de fuentes. En primer lugar, diferenciamos entre fuentes primarias aquellas que son sincrónicas al contenido de la misma, mientras que consideramos fuentes secundarias aquellas que son anacrónicas (posteriores) al contenido de la misma. Ambas pueden ser válidas o no dependiendo del objetivo y la labor del historiador/a. En este punto, resulta indispensable aplicar el método científico a las Ciencias Sociales para poder obtener un conocimiento veraz, empírico y contrastable.
El método histórico es el conjunto de técnicas y procedimientos empleados por los historiadores para investigar, interpretar y reconstruir los hechos del pasado de manera rigurosa y científica. A través de este proceso, el conocimiento histórico deja de ser una mera narración para convertirse en una disciplina crítica.
Para abordar una investigación histórica de forma rigurosa, se sigue una estructura analítica y dialéctica organizada en las siguientes fases:
Es el punto de partida. Consiste en delimitar con precisión el objeto de estudio en el tiempo y en el espacio (por ejemplo, «La crisis socioeconómica en la España del siglo XVII»).
Es la suposición previa o respuesta provisional que formula el historiador antes de iniciar la investigación. Surge a partir de preguntas iniciales y orienta la búsqueda de fuentes documentales.
Representa el argumento central o la afirmación principal que defiende una postura determinada sobre el hecho histórico, basándose en la evidencia inicial recogida.
Es la postura contrapuesta o la objeción a la tesis. Contempla los argumentos contrarios, las contradicciones de las fuentes o las interpretaciones de otros historiadores que cuestionan la tesis original.
Fase crítica en la que se examinan y contrastan meticulosamente las fuentes históricas (primarias y secundarias). Se evalúa su autenticidad, intencionalidad y contexto para descomponer el problema en sus distintas partes (causas políticas, económicas, sociales o culturales).
Es la conclusión final de la investigación. Tras confrontar la tesis con la antítesis y analizar las fuentes, el historiador redacta un nuevo discurso integrador que confirma, modifica o rebate la hipótesis inicial, aportando una visión de conjunto fundamentada.